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Mar 13, 2011

Sobre la investigación del 11M, 7 primaveras después

Tres son las preguntas principales que nos hacemos: seguimos sin saber quién dio la orden para ejecutar los atentados; los explosivos; a fecha de hoy, es indiscutible que no todo lo que explotó en los trenes fue material de Mina Conchita, por decirlo de una forma recatada. Y entonces, ¿de dónde salió el material? No lo sabemos. La reciente difusión de un vídeo sobre las pruebas periciales ha devuelto a la actualidad esta incógnita, nunca resuelta; y, tercero, es ya una obviedad que alguien manipuló incesantemente las pruebas del atentado, con la evidente finalidad de entorpecer la investigación. ¿Quién lo hizo? Tampoco lo sabemos.

Hazte Oír, Marzo 2010

No tengo duda de que existió una trama policial o bien para colocar pruebas falsas o bien para manipular lo encontrado. Ese fue el caso del explosivo hallado en la Kangoo, de la mochila de Vallecas, del Skoda Fabia o de los falsos terroristas suicidas. Sanchez Manzano es la punta del iceberg de esa trama. En el ámbito judicial Del Olmo fue un incompetente y Bermúdez un oportunista que cambió de caballo mientras cruzaba el río. (...)

Javier Arenas reabrió el otro día en Veo 7 la hipótesis de la colaboración entre etarras e islamistas. Ya he contado que Zapatero me dijo que eso era lo que creía Felipe González el 11-M por la tarde. Me parece muy verosimil y encajaría tanto con la falta de capacidad técnica de los muertos en Leganés como con el hecho de que ETA buscaba y consiguió la tecnología para hacer estallar bombas con móviles. Pero esto no pasa de ser al día de hoy una conjetura. (...)


¿Cree que Rubalcaba obstruye la investigación?


¿Cömo calificar si no el retraso de un año en entregar algo tan simple como la lista de los Tedax que intervinieron en la recogida y traslado de las muestras?


(...) Parece que algunos miembros de las fuerzas de seguridad del estado pudieron alterar algunas pruebas ...pero ¿PORQUÉ?
Porque la torpeza en la gestión política del atentado por parte de Aznar facilitó que enseguida se percibiera que si había sido ETA el PP arrasaría y si habían sido los islamistas el PSOE podía lograr un vuelco electoral. Bien por ideología, bien por oportunismo esos policías trataron de ayudar al PSOE y perjudicar al PP. Todo hubiera sido distinto si ser hubiera convocado el Pacto Antitterrorista para responder unitariamente a la situación límite creada. (...)


¿Sabía Rubalcaba, Zapatero o la cúpula del PSOE lo que iba a pasar el 11-M? ¿Debió Aznar de tomar la decisión de aplazar las Elecciones Generales con los 192 muertos sobre la mesa?
No, ni Zapatero, ni Rubalcaba lo sabían. Otra cosas es que después recibieran información privilegiada de sus topos en la policía e interactuaran con ellos para manipular la atmósfera emocional del día de las elecciones. Yo creo que en una circunstancia asi los comicios deberían aplazarse, pero ni existía ni existe un cauce legal para ello. (...)


Sr. Ramírez. Después de todo este tiempo ¿Qué político cree usted que salió peor parado de aquel 11-M?
Sin duda Aznar que vio destrozada una trayectoria en conjunto positiva. Ya digo que cometió graves errores pero ni intentó engañar a los españoles -él creía de verdad que había sido ETA- ni merece el trato que recibió después.

(...) Si estalló Tytadine como parece muy probable es evidente que no salió de Mina Conchita. Por lo tanto tuvo que haber otros proveedores y ETA tenía Tytadine. En todo caso es intolerable que después de 10 explosiones -dos controladas- esa polémica no fuera zanjada en el Laboratorio de la Policía Científica. El culpable de eso es Manzano y debe responder por ello.

¿Qué lagunas esenciales y errores claros tiene la sentencia de la Audiencia Nacional?
Hay errores fácticos incuestionables: el reloj de la mochila no conservaba la hora en que estallaron los trenes porque el modelo de aparato no lo hace y el dibutilfatalato no es un componente exclusivo de la Goma 2 ECO lo diga quien lo diga. Además no se concreta la autoría material: quién colocó cada mochila en cada tren. Y por supuesto nada se dice de quien planificó, organizó y ordenó la masacre. la última tontería que he leído es que eso surgió por generación espontánea entre los islamistas radicales españoles.



Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, Marzo 2011

Mar 11, 2011

Madrid, 11 de marzo 2004, desde Londres

El 11 de marzo de 2004 me encontraba en Londres. Llevaba dos meses. Cuando un hombre, barbudo, británico y negro del Caribe, empleado en un Job Centre de High Street Kensington, se enteró de que yo era Spanish, giró la pantalla de su ordenador para mostrarme lo que para él, y para la BBC en esos momentos, había sido el peor y más horrible atentado de ETA en toda su historia. Me quedé inmóvil, sin crédito. No recuerdo cuando supe que finalmente no había sido obra del terrorismo nacionalista vasco, sino de aquello que llaman Al Qaeda.



Tampoco, desde Londres, pude observar de cerca ni vivir el clima de los días siguientes, que – no casualmente – rodearon las elecciones generales del 14 de marzo. En un país sensible (tanto en el sentido anglosajón como en el latino), ante una situación de estas características tan desafortunadas, el pueblo se uniría para levantar la moral común. Ciertas desgracias mayúsculas, naturales o artificiales, suelen tener un punto en común: a raíz de lo peor, surge lo mejor de un pueblo, su fraternidad. Sin embargo, en el caso del 11 de marzo de 2004, hablamos de un país como España, esa nación discutida y discutible.



Desde Londres, me perdí esos tres días en los que las emociones e incertidumbres de una conmoción mortal tan horrible como perversa fueron manipuladas por un grupúsculo, que no respetó ni el luto, ni – ya puestos – las reglas de la política, en una situación tan especial. Los que ansiaban tanto la revancha y la toma del poder, se aprovecharon de la coyuntura, de la desnudez de la sociedad española ante el perpetrado atentado. Anteriormente, los socialistas ya se habían sentado con el Rey de Marruecos – por entonces vecino incómodo, recordemos Perejil – para meter la zancadilla al Gobierno español de Aznar. Posteriormente al 11-M, los socialistas hicieron poco menos que acusar al Gobierno de la gaviota del propio atentado. Y los tentáculos del progresismo en la sociedad civil – en el mundo de la comunicación social, de forma notoria – ayudaron a forjar aquel cambio de rumbo en la historia reciente de España, aventajándose con la tragedia en medio de tiempo de luto y reflexión.



Desde Londres, me perdí aquellas jornadas de reflexión convertidas en jornadas de ataques. Me perdí aquellas jornadas en las que el pueblo, y los partidos, como articuladores de las voces del pueblo, no fueron capaces de llegar a un acuerdo de unión. Algunos, no fueron capaces de ver la oportunidad que tenía España de alzar un solo (uno solo, de todos) grito de fraternidad contra una violación tan mortalmente terrorífica. Aunque, eso sí, fueron capaces de vislumbrar la oportunidad de ocupar las posiciones de poder de los desacreditados. Y para eso, lo más fácil era empujar y manipular aún más el juicio popular. Iraq había sido una mala decisión. 11-M, casi con certeza, fruto de ella. La culpa del atentado, pensaron algunos, no debía de ser atribuída a quien lo cometió, sino a aquellos que decidieron apoyar una guerra contra Saddam. Y mientras los cadáveres aún conmovían y conmocionaban España, desde Londres, no se sintió una voz que pensase que quizás no era la mejor situación para decidir sobre el futuro de un país. Ni mucho menos. Esas 72 horas de muerte sirvieron para que la retórica y el márketing del entonces zapaterismo en pañales y aliados ya diese muestras de sus destrezas mediáticas. Una pena que fuese en medio de aquella atmósfera, cuya tristeza e impotencia eran demasiado fuertes para ver lo miserable y sin escrúpulos del gobierno de las juventudes socialistas de los siguientes 7 años.



La política del socialismo español de tinta zapaterista ha demostrado – y sigue demostrando – que cede ante el terrorismo siempre y cuando eso sea conveniente para conseguir su último fin, caiga quien caiga. Y su tremenda capacidad para conseguirlo consiste en persuadir y confundir al español con sus falacias, la primera de ellas, el mundo irreal sobre el que ellos hablan y en el que actúan. Porque, con rigor, lo único que el zapaterismo consiguió demostrar en el mundo real, es su ineptitud e incompetencia (y la crisis es exponencialmente más crisis gracias a ella).



Hoy en día, desde la península ibérica, siete años después de aquel atentado fatídico, curiosamente aún no sé quienes fueron los culpables. Eso sí, me entero de las irregularidades y mentiras de la investigación, así como de la manipulación de las pruebas por parte de autoridades públicas. Y pienso que un gran desastre nos dio la oportunidad de ser un país decente y digno de respeto. Aunque, lamentablemente, algunos sacrificaron la decencia y la dignidad por otras guerras de poder, que ni la justicia debida a las víctimas del 11-M consiguió temperar.



P.D. Si hoy en día una fuerza terrorista, nacional o extranjera, realizase una agresión a nuestro país de aquel calibre, y asesinase a nuestros compatriotas, será que algunos se revelarían contra nuestro propio Gobierno? Sería justo aprovechar el clima de desesperación para sembrar más incertidumbres con manifestaciones partidarias -- de demostrada dudosa credibilidad? O nos indignariamos con el culpable, rechazando el ataque de forma unánime? Si un atentado así aconteciese hoy en día, sería moralmente aceptable atacar a nuestro gobierno por un atentado perpetrado por terroristas? Sería lógico que la oposición se aprovechase del clima de desconcierto? Y si esto aconteciese dos días antes que unos comicios, los celebraríamos? Yo, con este percal,  quizá preferiría estar en Londres.

Todos los 11 de marzo deben ser la fecha en la que el zapaterismo se recuerde a sí mismo su falta de escrúpulos, su nula elegancia, su ausencia de responsabilidad, su mínimo sentido de estado y su tendencia fraticida. Y sobre todo, la siniestra condición mortal sin la cual nunca llegaría al poder.